domingo, 1 de enero de 2017

2017 epifanías

Me hallo aquí, en este espacio común y a la vez condenado al olvido salvo para mí misma, hablando con nadie, salvo para mí misma.

En realidad, me propuse crearme un espacio para mí, sin la intención de ser leída por alguien más, pero si por casualidad alguien pierde el rumbo en el mar de internet y la vela le trae hasta aquí, bienvenido sea a este revoltijo mental.

A veces es mucho lo que deseo escribir, pero su presencia en mi imaginación es efímera, tan así que a veces no lo puedo plasmar ni en 140 caracteres.

Ayer, en el último día del año, me propuse, como todos, como siempre, hacer algunas cosas diferente, pero lo que menos esperaba es que algunas cosas iban a ser diferentes por sí solas para mí, desde el primer día de este ciclo que comienza. ¿A qué me refiero? No, no escribí mis doce propósitos en una hojita, simplemente pensé en unas cuantas cosas personales que sé que tengo que cambiar si realmente quiero mejorar, pero hoy de visita con mis abuelos hablé con alguien cuyas palabras estoy segura le darán el sentido y, quizás, guiarán mi camino en este 2017.

La verdad es que soy una persona algo hermética, espero pronto poder deshinibirme poco a poco con ustedes, amigos invisibles, y contarles poco a poco sobre mi vida. Hallando consuelo y alivio para mí misma en mis propias palabras, locas por salir y volar libres hasta quién sabe dónde.

Una verdadera serendipia la que he vvido hoy. Vaya forma de comenzar el año. No muy agradable a mi parecer, pero las cosas buenas no son fáciles, y uno tiene que ver por sí mismo y por los suyos.

Fuerza, sanación de espíritu... Inefables lágrimas que estoy segura me acompañaran por lo que resta del año que, para bien o para mal, va comenzando.